Una mano tipea, la otra sostiene lo que le da el mundo. Así empieza Ginseng y así avanza. Con esa fe en las palabras, con esa fe en las cosas. Con esa fuerza reflexiva y fresca de raíz oriental. Los poemas como el consuelo vaporoso de un té medicinal, como el tiempo para pensar en lo que no se piensa. Con el lenguaje coloquial, con las cosas que pasan, con el humor y la calle caminada con amigos. Pero también con la hipérbole, con el vericueto dramático, la epifanía encontrada por azar en el desconcierto, Ginseng avanza.
