¿Puede un libro, en el acto de estar siendo leído, funcionar como un dispositivo psicoanalítico?
Sesiones en tiempo presente, sostenidas por conversaciones contemporáneas de temporalidad variable.
Una práctica para analistas: interpretaciones reversibles, roles intercambiables.
La obra se comporta como una experiencia analítica que parte de una hipótesis literaria y propone un juego de roles con más de 700 preguntas.
Un organismo a psicoanalizar, alojado entre el libro y el encuadre que se despliega con la llegada del lector.
Mediante el ánimo compartido de participar, el recorrido se vuelve claro a través de la asociación libre y la metáfora, que emergen al transcurrir la lectura.
En esta sesión, “dejamos acá” no lo dice el analista.
Los psicoanalistas siguen tratando de entender a los artistas, a su vez tienen pase libre a sus mecanismos en la intimidad de los sueños y sus consultorios.
Los artistas que van al psicólogo, rompen el mito de perderse en la adaptabilidad.
