Joaquín Riste fue un reconocido showman, dueño de un oficio pulido con años de escenario. Hasta que una noche, las palabras lo abandonan. Lo que sigue es una caída sin red. Dóberman no cuenta una historia, sino un colapso. El de un hombre que intenta sostener el mito de su figura pública mientras su mente, su cuerpo y sus recuerdos empiezan a desarmarse. Un relato donde el fracaso profesional fractura al yo, y la realidad se disuelve en versiones cada vez más extrañas. Ferreyra compone un personaje brutalmente humano, y despliega una voz narrativa omnisciente que se sumerge en los pliegues más recónditos del pensamiento.
El Diletante
16/09/2026
¿Qué elegir contar para contar una vida? ¿Cuál es la clave, dónde radica eso que permite dar cuenta realmente de ella? De manera implícita, a través de una escritura de amplio espectro y de un dispositivo en el que la realidad y sus figuraciones se confunden hasta la indistinción, Gustavo Ferreyra sugiere en esta novela que la clave quizás radique en el modo en que esa vida de la que se quiere dar cuenta es habitada por el leguaje. Ahí, en ese procesador de la existencia en el que la materialidad de lo vivido y su simbolización no cesan de afectarse mutuamente, es donde ocurre lo sustancial de una vida, lo más relevante y lo más atractivo, o lo que en todo caso, según la perspectiva de este autor, vale la pena contar.
Por Marcelo Garmendia
