La nómina de suicidas ejemplares incluye, en el campo de las letras, a una heteróclita colección de personajes. Solo en el siglo XX se inmolaron Virginia Woolf, Paul Celan, Cesare Pavese, Gabriel Ferrater, Henri Roorda y John Berryman, entre otros asimismo brillantes, deudores de un estilo inconfundible. Pierre Drieu la Rochelle descubrió desde muy temprano que el destino de su vida era el de darse la propia muerte. Este cultor de la apoptosis, suerte de gentleman cultivado, conquistador nato, colaboracionista y director de la NRF durante la ocupación, sagaz analista de las filosofías occidentales y orientales, establece en Relato secreto, y en los otros dos textos que le siguen, una vía para la insubordinación inédita en el campo de las letras francesas. Adentrándose en los porqués del posicionamiento ideológico que adoptó nos cuenta su historia para irse de este mundo sin una mácula que lo aqueje, legando así un documento conmovedor que confirma algo que antes solo podía llegar a intuirse: están listos para morir aquellos que aborrecen la hipocresía humana.
Revista Otra Parte
19/03/2026
Parece imposible escribir sobre Drieu La Rochelle sin hacer mención a sus actividades colaboracionistas durante la Segunda Guerra Mundial o a su suicidio, como si esos detalles de la biografía —que no son para nada detalles, porque parecieran una inclinación subjetiva que viniera cocinándose desde inclusive más atrás y que no se confunde con una simple decisión oportunista del momento ...
Por Bruno Grossi
