Toda protesta es absurda, y el individuo que insista en su libertad de acción se convertiría en un excéntrico. No hay escape personal del aparato que ha mecanizado y estandarizado el mundo. Es un aparato racional, que combina la mayor eficiencia con la mayor conveniencia ahorrando tiempo y energía, eliminando lo sobrante, adaptando todos los medios al fin, anticipando consecuencias, prolongando la calculabilidad y la seguridad. Al manipular la máquina, el hombre aprende que la obediencia a las instrucciones es el único camino para obtener los resultados deseados. La prosperidad es idéntica a los ajustes al aparato. No hay espacio para la autonomía. La racionalidad individualista se ha desarrollado en la conformidad eficiente con el continuo ya dado de los medios y los fines. Herbert Marcuse
Revista Otra Parte
06/02/2020
Uno de los mitos sobre el que se sostiene la idea de “progreso”, aún viable en nuestro mundo contemporáneo, es aquel que presenta los avances tecnológicos como modos de emancipación de la humanidad respecto de su sometimiento a la naturaleza. Casi podríamos decir que el proyecto entero de la así llamada Escuela de Fráncfort fue desafiar, a través de razonamientos específicos, este lug...
Por Fernando Bogado
