Colonizando el mundo

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La elegancia de la narrativa M. John Harrison y las nuevas formas que propone de ver la cultura, la filosofía y las contradicciones de la existencia, se ven representadas en este brillante laberinto de relatos que compila más de 50 años de escritura. De difícil categorización, el autor construye mundos a la vez irreales y demasiado reales, superpuestos y entrelazados entre sí. En sus historias, repletas de fisuras, nos encontramos con portales a dimensiones paralelas, países no identificados, tierras perdidas, y la sensación permanente de que algo se ha desmoronado, escenarios en los que sus protagonistas están en constante búsqueda de pistas y mapas para darle nuevamente sentido al mundo. Siguiendo a ocultistas callejeros, filósofos aficionados, vagabundos o refugiados, vemos nuestra relación con “el otro” con un detalle microscópico y compartimos el rechazo de Harrison a la idea de que el mundo, o su comprensión, pueda llegar a resolverse.

Admirado por escritores de la talla de Neil Gaiman, Ursula K. Le Guin, China Miéville o William Gibson, la literatura de Harrison hibrida géneros como la fantasía, la ciencia ficción, el terror o el realismo con un estilo único y difícil de clasificar. Entre sus libros más destacados puede mencionarse la saga Viriconium (1971-1984), las novelas El curso del corazón (1992), Luz (2002), Nova Swing (2006) y los libros de cuentos Preparativos de viaje (2000) y Deberías venir conmigo ahora (2017), publicados por interZona.

Reseñas

El Diletante

25/12/2024

Al principio, se enciende la alarma. Un libro que recopila cuentos y abarca cincuenta años de producción, como uno de esos discos de Grandes Éxitos pre-playlist que comprábamos para acercarnos a una banda lo justo y necesario y no caernos de nuestra época, puede ser un mero intento del mercado de exprimir las rentas de una obra o un gesto de consagración y clausura: esto es lo mejor de tal o cual autor, pasen y vean, no hay más. Por suerte, ninguna de estas opciones agota las posibilidades de este libro. Y tratándose de Harrison, eso tiene sentido. Porque lo que estos cuentos ponen de relieve es que, desde el primer momento hasta el más reciente, en la búsqueda de Harrison no hay un escalonamiento de certezas más o menos complementarias y predecibles, sino la experiencia palpitante del desconcierto, siempre renovada, siempre exigente. Pocos autores como Harrison hacen del desconcierto una herramienta tan brillante y filosa (pienso en Bowie, también). Cada uno de sus cuentos nos permite desgarrar las capas superpuestas de realismo concentrado que ingerimos a diario, las cuarenta gotitas de Hepatalgina que nos permiten reducir las consecuencias de nuestra excesiva confianza en que la estamos pasando bien.

Por Ricardo Romero

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