La familia de las cosas

ISBN
9789877901290
Categoría
País

Adictiva y filosa, esta colección de cuentos explora el lazo entre las cosas y el deseo, las relaciones humanas, las decisiones que nos cambian. Con una mirada sutilmente feminista, contemporánea y algo burlona, Elsa Drucaroff narra historias donde los objetos se vuelven protagonistas de lo decisivo. Un libro que interpela y conmociona. En estos relatos los objetos son hitos en un itinerario por nuestro tiempo, nuestra interioridad, nuestro deseo. Señalan la magia de lo que une a dos seres, ese núcleo difícil de entender, de cuidar, de manipular, de reparar. Botellas de vino, perfumes, una comida esmerada son parte de rituales, y señalan la potencia de un encuentro o la imposibilidad de ser un destino para el otro cuando este ya no nos dirige su deseo. El libro es también una reflexión sobre aprendizajes, educación sentimental, las nuevas formas de filiación, los nuevos lugares de género. Eduardo Muslip Elsa Drucaroff nos sumerge en un universo íntimo y vibrante donde los objetos cotidianos se convierten en testigos silenciosos de relaciones, emociones y pasiones. Su prosa envolvente y precisa explora los matices del deseo, el amor, la rutina y los vínculos familiares, revelando cómo lo más trivial –un paraguas, un libro, una camisa– puede esconder historias profundas y reveladoras. Con una mirada aguda y sensible, la autora nos invita a reflexionar sobre la fragilidad de los lazos humanos y la poderosa presencia de las cosas en nuestras vidas. Ana María Shua

Es autora de las novelas La patria de las mujeres (Marea, 2014), Conspiración contra Güemes (Marea, 2015), El infierno prometido (Marea, 2022) y El último caso de Rodolfo Walsh (Interzona, 2013); de los libros de relatos Leyenda erótica (2007) y Checkpoint (2019), además de El pasadizo secreto. Escenas de una autobiografía feminista (Marea, 2024); escribió los ensayos Mijail Bajtín. La guerra de las culturas (1996), Arlt, profeta del miedo (1998), Los prisioneros de la torre. Política, relatos y jóvenes en la postdictadura (2011), Otro logos. Signos, discursos, política (2016) y Fémina infame. Género y clase en Roberto Arlt (2022). Dirigió La narración gana la partida. Historia Crítica de la Literatura Argentina, vol. XI (2000).

Reseñas

El Diletante

03/12/2025

Resuenan mucho por estos días, en esas pastillas animadas de las redes sociales, las voces de distintos autores y autoras que parecen empujados a revelar una especie de dimensión mágica que subyace a sus escrituras. El secreto de la buena literatura –dicen ellas y ellos– es saber provocar una sensación en las lectoras y los lectores. En general, las sensaciones preferidas de los artífices de estos libros suelen ser la inquietud, la incomodidad. De tanto insistir, asistimos al imperio de una idea fuerza que se expande desde nuestros telefonitos. Esa idea repite que la literatura será inquietante o no será nada. Quizá a causa de este bombardeo del culto fanático a los libros de los efectos terroríficos, cuando aparece una obra que no está escrita desde esa estrategia que apunta al cuerpo de quien lee –estrategia casi de taller literario–, es posible que las lectoras y los lectores experimenten el desconcierto. Si no incomoda, ¿qué es lo que hace este libro? Y entonces ese libro –el que no inquieta, aquel que no se sabe qué es lo que hace– corre el riesgo del descarte o el de ser mal leído. La familia de las cosas –el nuevo volumen de relatos de Elsa Drucaroff– está escrito desde esa cornisa. Puede que los espectadores de los efectos fulminantes les hagan a estos cuentos esa pregunta básica, ridícula. Porque los libros no sólo provocan sensaciones. Y porque la literatura necesita ser, en todo caso, una forma de pensamiento. Un lugar donde encontrar fundaciones nuevas, no precisamente las mismas –inquietar, inquietar, inquietar–. La ficción debería inaugurar otras categorías y es eso, precisamente, lo que hace La familia de las cosas. Las historias que narra Elsa Drucaroff dibujan trazos para pensar el presente desde ese reducto sin estridencias que compone nuestra cotidianeidad.

Por María Lobo

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