Cáscara negra

ISBN
9789874170736
Categoría
País

Los cuentos de Ernestina Perrens son cables de alta tensión: electrizan al lector desde la primera oración hasta la última. Una de las razones de este hecho tiene que ver con la intriga, que nace de la inestabilidad de los textos expresada en dos órdenes. Por una parte, la prosa, transparente, polisémica y en constante movimiento; por otra, la trama, regida por una economía ideal: lo que se narra pesa tanto como lo que queda afuera del relato. De este modo, una chica que pinta murales callejeros o un padre que lleva a su hija a un circo o un grupo de adultos mayores que salen de excursión a la montaña resultan disparadores de una multiplicidad de sentidos. Los cuentos de Perrens son de enorme precisión, dan siempre en el blanco. Esta circunstancia, en literatura, supone que nada en ellos se cierre sino que, más bien, todo se abra y se proyecte en capas sucesivas, como si fuera un eco, hacia la más pura incertidumbre.

Reseñas

El Diletante

19/04/2023

Posiblemente, las precisas recetas que dictaron los canónicos maestros –Poe, Quiroga, por qué no los consejos de Chejov– que cristalizaban el modo “perfecto” de escribir un cuento y las rígidas indicaciones que, animados por una intención similar –¿pedagógica? ¿altruista? ¿un legado para los principiantes?–, han propagado otros tantos escritores o animadores de los talleres literarios hayan perdido validez en estos tiempos en que desconfiamos de la universalidad de cualquier precepto. De todos modos, hay en estas prescripciones una idea asentada y sin fisuras acerca de qué y cómo debía escribirse un cuento y sobre la forma en que los lectores acceden a ellos, los recorren, los disfrutan y, al terminar, salen con una idea medianamente clara de lo que acaban de vivir en esa “aventura de lenguaje”. Posiblemente esa manera de narrar resulte demodé, perimida, agotada, una fórmula caduca en el arcón de las viejas poéticas. Posiblemente hoy, y desde hace décadas, la libertad y la plasticidad del cuento lo impulsen a ser “otras cosas” diferentes a esas construcciones cerradas en las que todas las piezas encajan.

Por Federico Ferroggiaro

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