Continuidad de Emma Z.

ISBN
9789877900965
Categoría
País

“¿Y si la literatura argentina, sea eso lo que sea, pudiese ya no consistir sino en escribir, reescribir, sobreescribir, contraescribir a Borges? No como un gesto de cerrazón y asfixia, sino muy por el contrario: como gesto de apertura y de renovación literaria. Borges, sí: siempre Borges. Pero para leer con él (o contra él) también el Quijote, o a Unamuno, o a Arlt, o a Onetti, o a Cortázar; en fin, para resumir, toda la literatura. Ariel Magnus parece asumir esa premisa, y volverla fructífera una vez más, en esta Continuidad de Emma Z. La vida y la literatura, la realidad y la ficción, entran en un juego vertiginoso, efectivamente borgeano. Tanto que yo mismo, por lo pronto, sin ir más lejos, he sido lector de esta novela, y además su epigrafista, y además un personaje. No sé cuál de los tres escribe esta contratapa”.

Editó la antología de humor en la literatura argentina La gracia de leer y la de textos misántropos Oda al Odio, así como el relato radial de Víctor Hugo Morales Barrilete cósmico y la novela póstuma de Ezequiel Martínez Estrada Conspiración en el país de Tata Batata. También es el autor de Un atleta de las letras, biografía literaria de Juan Filloy y del diccionario Ideario Aira.

Reseñas

El Diletante

07/08/2024

El viernes 2 de octubre de 1953, Borges, Beatriz Guido y quien era todavía su marido, 'Giulio' Gottheil, pasaron a buscar a Bioy para ir a un laboratorio en Belgrano, en la calle Dragones, donde vieron una pasada privada, previa al estreno, de Días de odio, la adaptación que Leopoldo Torre Nilsson (chéri de Guido) había filmado a partir de 'Emma Zunz'. En la entrada del Diario correspondiente a ese viernes, Bioy anota, en palabras del propio Borges, que aquel cuento, a él, a Borges, no le pertenecía. Que se lo había dado (al plot, al rumor, al caso criminalístico) Cecilia Ingenieros, y que él, Borges, lo había escrito porque le había parecido extraño y dramático. Para acabar postulando: “Si todas mis obras desaparecieran y sólo quedara 'Emma Zunz', nada mío habría quedado”.

Por Sebastián Menegaz

Más de esta editorial