Diagnóstico

Año
2018
Páginas
88
ISBN
9789873760921
Categoría
País

Es indudable: en estos tiempos felices, la ballena sería un algoritmo un engendro de cartón y lata o plástico número seis.

Un libro-diagnóstico nos dice algo sobre su autor, nos dice algo sobre su tiempo. Por su cercanía con el discurso médico, se podría pensar que éste ubica a quien es diagnosticado en un determinado lugar y lo encauza hacia una meta concreta que será la sanación. En este caso, se trataría de una escritura que acepta el diagnóstico y se encamina a la cura a través del tratamiento de los síntomas; una escritura contenida en la cronología de la enfermedad en el cuerpo de quien la padece y también en su decurso histórico. Pienso en el ensayo de Susan Sontag, La enfermedad y sus metáforas, como un buen ejemplo de este tipo de escritura: hay que pensar la enfermedad desprovista de sus metáforas para romper con los tabúes alrededor suyo y poder pensar seriamente en tratamientos y mecanismos de curación. Recordemos que Sontag escribe su libro en el contexto de su propio padecimiento, es decir, su ensayo no es ajeno a la experiencia del cuerpo. También es posible, sin embargo, hacer del diagnóstico un punto de partida, un detonante que permita la proliferación rizomática de las obsesiones y de las convalecencias en la escritura. Más que pensar la enfermedad metafóricamente, se trata de que la escritura sea índice de quien ha sido diagnosticado, como una fotografía puede ser índice del objeto capturado por el lente de una cámara. Es en este lugar de expansión que se instala Diagnóstico, el primer poemario de Sebastián Urli (Quilmes, 1987).

A partir de sus epígrafes, este libro ofrece a la lectora dos de los indicios que permiten establecer qué acontece con el yo poético, cuáles son sus derivas, en dónde escarba en busca de una constatación que sabe que nunca va a llegar o que llegará tan distorsionada que no puede ser más la constatación que fue. Por un lado, la incansable repetición de motivos, de imágenes, de palabras; por otro, el constante cuestionamiento a las certezas sobre las que se funda toda identidad: cuestionamiento a veces irónico y cruel, otras, suave y melancólico. En el poema “Diagnóstico (o la foto familiar), estos indicios se concretan en las líneas: “El neurótico obsesivo escribe / de atrás para adelante. / De ahí su temor a las mariposas // a sus colores, a sus antenas, a su fama […] el obsesivo huye a un país / al que no vuelve. Huye / sin tregua / y siempre al mismo país”. Aquí aparecen incontables alusiones u homenajes a poetas de variada índole como Quevedo, Stevens, Figueroa, Pizarnik, entre otros. Este gesto de apropiación, de reescritura, de transcreación en algunos casos, nos inserta en el mundo del autor, un mundo tomado por la poesía y el ingenio. La repetición obsesiva es la repetición del poema, de los poemas, como ese país imposible al que se quiere volver siempre. La poesía es síntoma, terapia y convalecencia. Podemos sugerir, entonces, que el yo poético (nunca mejor dicho “yo poético”) ha enfermado de poesía y la enfermedad acarrea su propio antídoto.

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