Pedro Vermilión parece no entender los códigos de conducta de una sociedad que apenas lo advierte, flota ¡unto a la hipnosis de una colectividad que lo sumerge en el océano de un lenguaje que no lo toca! La violencia interior explota y las llamas arden quemándolo de a poco, agrediendo también su entorno; en el fondo se oye una voz, cada vez más cercana, que enturbia las cosas. Pedro oscila entre la locura y la muerte, guiado por sus pasiones hacia el perfecto derrumbe.
