Atravesando crisis y traumas colectivos, los argentinos hemos aprendido la potencia de la ley para reclamar la protección de derechos y hacernos escuchar, impulsar o frenar reformas e instalar temas en la agenda pública. Sabemos, en fin, hacer política con el lenguaje del derecho. Esto, sin embargo, no siempre fue así.
Cuando, como sucede en estos tiempos, se trivializa la relevancia de las instituciones, parece necesario recordar los riesgos y costos que supuso para la Argentina abandonar el lenguaje de la ley como medio para llevar a cabo negociaciones políticas, escribe la autora. Con datos y argumentos persuasivos, este libro cuestiona la idea de una Argentina supuestamente caracterizada por la falta de cumplimiento de las normas y muestra otra faceta de nuestra relación con la ley, que hoy urge sacar a la luz.
