“El agua cubre los escalones y llega hasta el borde de la galería. Cerca de una columna surge un destello plateado en el líquido marrón. Entonces sucede: meto la mano y atrapo al pez. Y esa sensación de atrapar la vida misteriosa, comúnmente oculta a la vista, no cambia ni se atenúa cuando me doy cuenta de que está muerto. Al contrario, resulta doblemente asombrosa y perturbadora, porque en un mismo acto palpo, a la vez, la maravilla de un ser que emerge de las profundidades y la muerte, un contacto que me deja el alma como el cuerpo mudo y frío que mi mano aprieta.”
