El triángulo de invierno

Año
2021
Páginas
136
ISBN
9789877122268
Categoría
País

Cansada de una vida rutinaria, desbordada por las deudas y sin mayor proyección que un nuevo trabajo precario, la joven protagonista de esta historia decide –en medio de una entrevista con su consejera laboral– cambiarse el nombre. De ahora en adelante se llamará Bérénice Beaurivage, como la novelista interpretada por Arielle Dombasle en una película de Éric Rhomer. Sumado a que su parecido con la actriz es sorprendente, ser novelista es un empleo mucho más atractivo que cualquiera de los que le propone la consejera laboral. ¿Por qué no habría de cambiar entonces su identidad?

Para iniciar su nueva vida se muda de Le Havre a Saint-Nazaire, donde conoce al Inspector: el flechazo es mutuo. Pero a medida que pasan los días se hace más difícil sostener la mentira, a lo que se suma la aparición de la bella periodista Blandine Lenoir, también interesada en el Inspector y quien rápidamente sospecha de la joven protagonista.

Julia Deck construye una novela hipnótica, tan apasionante como triangular: tres son los amantes, tres los puertos que recorre la protagonista –y que también debieron construirse una nueva identidad luego de la Segunda Guerra Mundial– y tres son las estrellas del Triángulo de Invierno, una figura que a esta escritora, sin ninguna duda, le calza a la perfección.

Reseñas

El Diletante

16/06/2021

No conocemos el nombre de la protagonista, ni su pasado. Vive sola en la ciudad portuaria de Le Havre, está llena de deudas, no tiene trabajo estable ni motivación para trabajar. A lo mejor su vida cambaría, si cambiara su nombre. Si se llamara Bérénice Beaurivage, como la protagonista de una película de Éric Rohmer, y fuese escritora, al igual que ese personaje. El parecido físico con la actriz que la interpreta, refuerza la atracción por una vida de novelista, como vio "en las páginas de Madame Figaro, que abren las puertas de sus salas de estar, posan en sus escritorios, delante de la biblioteca, en el fondo de sus bañeras de esquina, donde chapotean para encontrar inspiración". Una vida de fantasía, sin tener que "madrugar para viajar en horrorosos transportes públicos", como la que le propone la agencia de trabajo temporario. Con su nueva identidad, se va (o huye), a otra ciudad portuaria, Saint-Nazaire. Ahí conoce a un hombre en un museo. Ella es joven y bella y sabe aprovecharlo para conseguir algo de los hombres. Este es inspector naviero, su trabajo le provee un buen pasar y ella enseguida se instala en su casa. Si no se enamora de él, al menos quiere que la mantenga y, mientras simula estar ocupadísima con la escritura, recurre a la libido del inspector para engatusarlo. Quizás en otra época, su juventud y belleza le hubiesen facilitado ser mantenida por un marido. Pero al inspector no le cierra que ella jamás amague sacar la billetera para pagar su parte de las cenas. Al poco tiempo, tampoco le cierra que una novelista, que adujo haber perdido los anteojos, no necesite nuevos con urgencia, no use computadora, ni la conozcan los libreros. Aquí, la relación se trianguliza con una periodista amiga del inspector, que sospecha que Bérénice no es quien dice ser. Pero el inspector tiene que viajar a Marsella, otra ciudad portuaria, adonde la protagonista lo sigue, total puede escribir en cualquier parte. Ahí la relación se ensombrece y ya en la casa del inspector en un impasse en París (calle sin salida), él ya no sabe cómo sacársela de encima.

Por Inés Arteta

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