Europa Automatiek

Año
2021
Páginas
256
ISBN
9789874063854
Categoría
País

«Un día soñé que Cristian Crusat era un cosmopolita del espíritu y que como ensayista mostraba un incansable afán por el descubrimiento de territorios literarios inéditos. Pero es que además soñé que Crusat, más allá de sus admirados Schwob y Bolaño, había escrito bellas y arriesgadas narraciones, donde sueño y vida se fundían con fuerza».

Ámsterdam, 2011. Las secuelas del colapso económico de 2008 campan por España y los jóvenes están sumidos en nuevas formas de precariedad. Muchos se largan a otros países en busca de los sueños prometidos por el ideal europeo. Entre ellos, el protagonista de esta novela, un traductor a punto de cumplir los treinta. Sentado en el salón de su casa alquilada en el centro de Ámsterdam, sigue por la tele el funeral de un dictador norcoreano y encadena un capítulo tras otro de Los Soprano. Lleva varios años vagando por distintos países europeos, sacándose másters y formando parte del eterno lumpenprofesorado. Gana poco, apenas habla neerlandés y está sobrecalificado. Vive retraído, se aferra a su trabajo, da paseos por la ciudad. No es capaz de imaginar ningún futuro y ha perdido la noción de pertenencia, de intimidad, de lo que podría significar un hogar.

Un día recibe una visita inesperada que desencadenará un cambio crucial en su vida. La enigmática figura de Tajana –hija de refugiados croatas que huyeron de las guerras balcánicas para instalarse en Ámsterdam– representrá para él una nueva contraseña sentimental. Y, asimismo, personificará el fantasma de la pesadilla étnica de las Guerras Yugoslavas, ese turbador emblema de los conflictos que amenazan continuamente el proyecto europeo.

Reseñas

El Diletante

27/10/2021

La nueva novela de Cristian Crusat (Málaga, 1983) se lee como si un velo traslúcido recubriera las imágenes que transmite hasta dejarlas en penumbras, como si fuera un sueño pausado; un poco por la aparente inmovilidad de sus personajes que, a veces, parecieran pedalear en el aire más que avanzar en el tiempo; otro poco por las disquisiciones que sobre la pintura, la economía capitalista, el calvinismo y los Automatiek ─distribuidores de comida automáticos típicamente holandeses─, entre otros tópicos, siembra con regularidad en medio del relato. En verdad, sería más correcto decir “aparentes” disquisiciones puesto que cada una de ellas se toca, o al menos se roza, con la trama que en momentos precisos asume la tonalidad de una pesadilla; así, en concreto, cuando el personaje principal sueña que asesina a un amigo/¿amante? de Tajana, su compañera.

Por José Salem

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