A esta filosofía, William James la caracterizaba como “filosofía del espesor” halagándola contra las filosofías chatas de lo absoluto. Con La cuestión del alma, Fechner se propuso, en su siglo XIX, desahuciar materialismo e idealismo por igual. Hoy deja abiertas muchas lecturas, tan perturbadoras como fascinantes… algo de una ecología radical, de un vitalismo sin límite, de un continuismo casi oriental… como sea, una filosofía que agarra las cosas, las plantas, los planetas y las palabras, sin ningún temor, y sin pedir permiso a nadie. A nadie, ni a una hydra.
