Esther Cross978-84-125053-0-69788412505306
El Diletante
09/10/2024
Probablemente no sea muy original, pero habría que decirlo de cualquier manera: la vida de la escritora romántica Mary Shelley –la célebre autora que publicó en 1818, a sus diecinueve años, Frankenstein o el Moderno Prometeo– experimentó los achaques y vicisitudes propios de su obra. Hija de pensadores progresistas –William Godwin y Mary Wollstonecraft, pionera del feminismo–, sufrió el aislamiento de inmediato: fue separada, ni bien llegada al mundo, por el médico de su madre, a quien le acercaron cachorros para que se le prendieran al pecho y aliviaran, así, su dolorosa carga. Wollstonecraft moriría a los diez días y fue probablemente el primero de los traumas con los que Mary cargaría. En un rapto romántico –típico, en verdad, de la época– Godwin cortó un poco de la cabellera de la mujer para tenerlo siempre consigo. La propia Mary, en su momento, guardaría el corazón de su amado –el poeta Percy Shelley, muerto en un naufragio– envuelto en la página del poema “Adonais”, para llevarlo en cada uno de sus viajes y mudanzas.
Por Tomás Villegas
