te quedasteen un servicentrohaciendo crucigramascomiéndote las uñascomo semillas de cardoel viento nos expidióen distintas direccionesel sol se pusome acurruqué en el pastomientras camioneroscontaban bichosreventados en el parabrisascomo si fueran señalesde algo mejor
1. Quise detenerme en el momento en que uno toma aire para contar algo y no cuenta nada. Mis días son señales de humo sobre este colchón, donde escribo una serie de notas que voy pegando en la pared.
2. Mis sábanas tendidas al sol lucen agujereadas por el pucho. Hoy me desperté con una erección. Es domingo. El ficus está mustio y la ropa, sucia. Nerón tiene pulgas. No siempre viví de este modo. Me acuerdo cuando el presente era la monotonía perfecta de mi nombre, susurrado torpemente para levantarme y ponerme la ropa.
3. Hay una historia. Empieza mal. Habrá un repunte tarde o temprano ¿Quién promete un final feliz? Me dejaron con el propósito de cuidar a Nerón. Quise irme y dejar diminutos recuerdos a mi paso. Pude haberme ido. Mis amigos a veces mandan sus poemas. No los leo. Necesito mantenerme a flote.
4. Olvidé casi todo de mi pasado del mismo modo en que se olvidan las promesas susurradas durante una mala noche. Eso sí, tengo ideas generales. Creía saberlo todo pero no sabía qué significaba un taxista que sueña una cama sin hacer.
5. Acepté cuidar a Nerón para remontar el frío o simplemente porque aquí podía estar quieto mientras el viento golpeaba las ventanas. Quedan dos paquetes de fideos en la despensa. Arrastro mis pies. Me agazapo entre las cortinas. Miro por una ventana. Las cosas brillan empapadas por la lluvia. Veo a mis vecinos. Irene y Marcelo. Una vez tocaron a la puerta. No quise dejarlos entrar. Hacerlo habría sido evidenciar mi condición de jaiba que huye del tsunami. Conversamos afuera. Marcelo intentó estrecharme la mano. Dijo que era veterinario y que tenía su consulta a sólo tres cuadras. Irene habló poquísimo. Ya sabes, cualquier cosa que necesites, etc.
6. Ante la escasez de acontecimientos a veces preparo mi mochila. Es un simulacro. Cocino fideos. Es el último paquete y lo único que como. Miro las partículas de aceite que se adhieren hasta formar una sola gota.
7. Intento no moverme. No bañarme. Observar una pared es suficiente. Rasguño el envoltorio del paisaje. Creo haberlo visto todo a través de ella. Cuando me aburro de la pared, está la ventana. Miro entre las cortinas ¿Qué veo? Niños jugando ¿A qué juegan? Es otoño. Aplastan las hojas. No oigo el crujido. Se ríen. Corren en círculos. De pronto Marcelo, el vecino, aparece en escena y me dirige una mirada desde la calle ¿Me ve? Supongo que no. Se hurga la nariz. O tal vez me ve y hace ese gesto para despistarme.
