La madre ha muerto en un país lejano y este horror se traduce en una melancolía que marca el tono del relato, un relato inasible. La narradora guarda en su cartera, dentro de su libreta, otra libreta más pequeña con anotaciones de su madre, como si la palabra fuera la única reliquia posible. En este libro la palabra no describe, sino que construye mundos, y por eso se venera y requiere una lectura devota. La voz exquisita de Alicia Migdal evoca en esta novela un tiempo anterior, un verano que ya ha pasado para las muchachas, las muchachas solas, a veces desesperadas, siempre esperando. Muchachas de verano en días de marzo se vuelve una experiencia literaria sobre el desgarro ineludible de lo que ya no es.
«Es casi invierno afuera. Pero hay sol de veranos año tras año en los cuerpos de esas mujeres, muchachas. Qué van a hacer en invierno sin ese sol de enero, qué hacen cuando empieza marzo, su aire mezcladamente claro, una punzada de viento y lana, el aire de marzo perfecto, transitivo, un aire tan fugaz por eso perfecto y destinado a transformarse en viento y lana sobre la piel caliente y quemada.»
Escritora, traductora, profesora de Literatura y crítica de cine. Trabajó en las editoriales Arca y Biblioteca Ayacucho y, como periodista cultural, en diferentes medios de Montevideo.
Publicó el libro de prosa poética Mascarones (1981) y el poemario Historias de cuerpos (1986). A la novela breve La casa de enfrente (1988) le siguieron Historia quieta (1993), que ganó el Premio Bartolomé Hidalgo y se tradujo al francés, y Muchachas de verano en días de marzo (1999). En 2010 recibió el Premio Nacional de Narrativa del Ministerio de Educación y Cultura por En un idioma extranjero (2008), que reunía sus últimas tres obras y una inédita, Abstracto.
«No es mío este paisaje, ese mar. Mi paisaje es adentro. Sin embargo lo miro, o lo veo, en apenas un pequeño plano de esquina, detrás de un café servido en la mesa de la izquierda. Esta es toda mi relación con el celebrado río, ancho y marrón. De lejos o a una cuadra corta, de costado. Estoy a salvo de él».
