Catorce diferentes versiones y apropiaciones de las tradiciones modernistas sirven a catorce escritoras rosarinas para contar –desde una ficción que se confunde con la crónica y tiende a borrar los límites entre ambas categorías– sus propias experiencias, donde la de poseer “el cuarto propio” de la escritura que aísla de los mandatos de género ocupa un lugar central.
