No transpira

Año
2013
Páginas
64
ISBN
9789874507921
Categoría
País

Todas las veces que leí No transpira (2013), de Rubén Guerrero veía a este poemario como un experimento, como el ensayo de una banda o solista que no piensa en sacar un disco, sólo quiere tocar fecha tras fecha mientas va juntando hojas borrador para crear una canción, para armar un obra. Estas melodías que va creando están divididas en seis conjuntos separadas por un estribillo que aparece y reaparece para llegar con aire al final del poemario y por último irse en fade: «vestidos, trajes, lo triste, disfraces / música, soledad, / la fiesta, el baile». Vestidos, trajes y a su vez disfraces: ¿Cómo funciona ese contrapunto de soledad y fiesta sin dejar de lado a la música y el baile, dando lugar a un tándem? Se destaca esto que el autor distribuye a través de las páginas en una suerte de idea principal o versos a resaltar que parecen encerrar una antítesis en sí. El poemario no cuenta con ningún tipo de cita ni nada por el estilo, se las juega por sí mismo; apenas esa intención de un leitmotiv que subdivide otros intentos.

Ensaya nociones en cada apartado, ya sean etéreas como algo anónimo enfrentando a la noche, inefable y fugaz como un gato que se nubla entre las manos en un sueño o la transformación de parejas en cosas como una ventana («un orificio de entrada y de salida»). Acaso esgrime a lo largo del libro una forma de crear estructuras en un poema/canción y en ocasiones honra al medio o dispositivo de expresión poniéndole su nombre de título; uno de los mejores poemas que da cuenta de lo hendido de la temática de No transpira, sobre su procedimiento, sobre la búsqueda y al mismo tiempo sobre lo precario y fugaz de las formas que hay en él (porque toda canción que se precie de tal no debería de superar los tres minutos y medio) se llama «guitarra»:

Al llanto hay que darle una botella entonces sí la estructura soñada: una melodía en una bolsita de Disco Con publicidad y todo, o a pesar de ella, la bolsita simboliza eso, la forma transitoria (o precaria) que existe en el hecho de llevar cualquier cosa que queramos transportar, por ejemplo ropa en una valija, cigarrillos en un atado, poemas en un libro. Por momentos la escritura declara «l e o l o q u e p u e d o h a g o l o q u e p u e d o» pero a su vez prueba dos veces la escritura de un texto (que casualmente se titula «se me hace tarde») en el cual coinciden versos, y quedan mediante una reestructuración, casi con el mismo desarrollo pero con sentidos encontrados. En el primero practica: la «ruptura no tiene que ver con los martillos», mientras que en el otro escribe «la ruptura no tiene que ver con los silencios». En ambas ocasiones incluye «y qué piensa la ventana de lo que pasa afuera? / saco la basura / no, porque llueve». Una melodía o la basura, ambas utilizan el mismo vehículo para llegar a su fin de estructura perfecta: una bolsa supermercado. Y decía que estos poemas me suenan a ensayo por lo despreocupado, lo desinhibido al escribir y al mismo tiempo por la forma, las maneras y las formas de desestructurar y volver a recomponer una idea que suscitada dos veces suena incompatible.

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