Partida de nacimiento

Año
2011
Páginas
95
ISBN
9789871768042

Partida de nacimiento es una narración construida sobre las grietas que van conformando el paisaje de una pérdida. Pero las ausencias no agotan el discurso de su protagonista, una mujer recién separada y madre de una niña pequeña. Los vacíos cohabitan con la irrupción de lo cotidiano, con la diversidad, la ternura y el humor de lo constante, de lo permanente. Conviven así en este libro las ideas de partida como quiebre y como comienzo de un periplo. La mujer que se desgarra, se revela incompleta, se desdobla, pero que también empieza a ser otra cosa, construye, se desprende e inicia. Mediante una estructura fragmentada, esta novela de Virginia Cosin recorre con una tonalidad inclasificable las distintas escalas tímbricas que despliega su narradora. Voces disímiles que, aún pertenenciendo siempre al mismo punto de vista, juegan en infinidad de variaciones: lo accidental, lo íntimo, lo existencial; todo parece tener cabida dentro de esta bitácora de lo inasible.

Se despierta con la luz incandescente del mediodía. Aterriza su vigilia en un páramo despoblado, cubierto de nubes. Hoy le teme al encierro. Así que se levanta y elige un vestido viejo y algo ajado que perteneció a su madre y fue desechado debido a la aparición de una inoportuna aureola anaranjada cerca del ruedo. Ahora se lo pone. Sale a la calle. Hace un calor insoportable, pero es debido a la consistencia pastosa del domingo que su andar es lento, pesado. Se mueve como por brazadas, desplazándose del mismo modo que en esos sueños en los que se quiere correr pero la voluntad no alcanza. Su corazón improvisa algunas palpitaciones. Pocos autos. Poca gente. Es la hora del almuerzo. Se detiene a desayunar. Pide café, croissants, jugo de naranja y yogurt. Al principio, el roce de la lengua con el dulce y el contacto esponjoso contra el paladar le provocan una mezcla de náusea y de placer. El tránsito por la garganta se le dificulta. No le resulta sencillo comer. Empuja los alimentos con café negro y pequeños sorbitos de jugo. El murmullo de las conversaciones ajenas hormiguea a su alrededor mientras lee el diario y, a veces, levanta la cabeza para mirar a la nenita rubia de la mesa de al lado que le habla en inglés a su madre. Todos conversan con alguien. Ella, en cambio, está sola. Guarda su voz. Garabatea algo en el cuadernito cuadrado: Tejo un capullo con la baba de las palabras. Se cruza de piernas y balancea rítmicamente el pié, dejando que la sandalia se deslice por el empeine y caiga al piso, efectuando un ruido sordo que se amortigua por el sonido ambiente. Nadie la ve. Nadie la escucha. Durante un rato, juega a ser invisible.

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