Patria y muerte

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Contra la tiranía del tema, los ensayos reunidos aquí procesan la transitada relación entre política y literatura con un despliegue de armas inusuales. Dalmaroni no teme al desacato ni a la imposición de sus obsesiones y arriesga la violencia de la escritura propia para dar cuenta de textos sinuosos y ya pensados antes.

Volver a leer escribiendo parece ser la clave de Dalmaroni para sacudirles el polvo de la detención con el que ciertas miradas los dejaron acomodados en los estantes, en nombre de ideas de «lo nacional» que vencieron hace rato, o en la búsqueda de rejuntar a bárbaros y civilizados en un campo que proyecta su tensión hacia el presente abúlico de la novedad.

Lamborghini, Puig, Saer, la gauchesca, Arlt o Pizarnik son causas, y también excusas, para poner a prueba las maneras de un decir singular y, en diálogo polémico con lo que lo rodea, estirar esos límites hasta lo inexistente.

Este libro no enseña nada, no hay imperativo moral sino apenas aquello que aparece muy pocas veces cuando un crítico escribe sabiendo que lo hace: persistir hasta rozar el corazón mismo de la literatura.

Reseñas

Revista Otra Parte

30/10/2025

En cada uno de los escritos de Patria y muerte puede verse el despliegue de una lectura conectada con otras a partir de un eje, la violencia. Lectura que no deja de pensar el contexto, las operaciones de la lengua y las ideologías; pasan por sus páginas Aira, Saer, Piglia, Harwicz, Silvina Ocampo, Borges, Pizarnik, los Lamborghini, Becerra, Viñas, Marechal, Gelman... En el prólogo y el epílog...

Por Germán Beloso

El Diletante

06/03/2024

En diciembre de 2023, en Tres estrellas, el programa de streaming de Pedro Rosemblat en Gelatina, en una entrevista que se puede ver por Youtube, Hernán Casciari dijo entre otras cosas: “No creo en la literatura”. Como es obvio después de leer y enseñar a Bourdieu, pero tal vez también desde el sentido común, alegar que no se cree en algo es un modo de tomar posición en un campo que, al dar lugar al enunciado, se afirma en sí mismo. Lo que Casciari decía armó alrededor una de esas bataolas de las redes que cada tanto sacuden el círculo de seguidores y detractores por uno o dos días para volver después a olvidar la discusión. “La literatura no sé qué es y tampoco me importa”, agregaba el entrevistado, y en muchas de las cosas que decía, para mí y aunque esto no venga al caso, tenía razón. Acaso no sea tan relevante si, como señalaba la contienda, Casciari es un verdadero escritor o si solo hace chistes. No sé tampoco cuánto convendría tener en cuenta su provocación y, por otra parte es cierto que la controversia no se resuelve si agrego, por ejemplo, que su cuento “10.6 segundos” sobre el gol de Maradona a los ingleses, es uno de los mejores que leí o escuché aun sin saber si es o no buena literatura. Lo mejor que leí, lo que me parece brillante, no sé si (o sé que no siempre) lo calificaría de “bueno” en la línea de literatura de “calidad” pero algunas de esas cosas son las que discutimos los críticos y de las que buscamos respuestas en la teoría literaria. Las cosas que discutimos –al menos, si no antes, desde “Palabras de autor”, el prólogo a Los lanzallamas de Roberto Arlt– cuando tratamos de leer de nuevo o de otras formas la literatura argentina.

Por Valeria Sager

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