“Cuando yo era chico, en los primeros años cincuenta, vivía en Pringles un artista pintor con ese prestigio ambiguo que se ganan en un pueblo los que practican actividades improductivas.»
El Diletante
28/08/2019
A esta altura toda reseña, todo acercamiento crítico a la literatura de César Aira, vendría a ocupar un lugar en el catálogo virtual de malentendidos que ha sido y es la recepción periódica de sus publicaciones. Malentendido que es, por otro lado, la condición que asume toda posibilidad de lectura, en la medida en que instala una brecha, una distancia, entre el lector y el texto. Por lo general, las aproximaciones basculan entre dos polos: o bien se diluye la “novelita” en el corpus de libros del autor, anulando su particularidad en aras de una poética general, y así la obra adquiere la forma de un continuo indiferenciado; o bien, se la aísla del conjunto y se la lee con parámetros ajenos a la obra, lo que generalmente deriva en rechazo o incomprensión. Esta oscilación replica en otro nivel la dialéctica entre continuo y fragmento constitutiva de la literatura de Aira. El problema no es tanto decantarse por una alternativa en detrimento de la otra, tampoco el intento de tender “un puente de plata” entre ambas; el problema es, si se quiere, previo y se resume en la pregunta: ¿puede leerse a Aira por fuera del sistema de lectura que él mismo propone? Demos por ahora espacio a la pregunta.
Por Juan F. Comperatore
