Lean a Ponge —dice—. Sus poemas nacieron de observar un objeto, de frente y de perfil, de atrás, arriba, abajo, de meterse en la cosa hasta desconocerla. Pensar y teorizar, rastrear de dónde vino y su etimología. El objeto y el nombre se mantienen unidos aunque uno sea materia y el otro nadie sabe. En cambio las palabras que llenan una charla son cáscaras resecas. Objeto y nombre orbitan en diferentes mundos. Nació en el último año del siglo diecinueve.
—Como Borges —dice alguien, enciende el celular, pone “Ponge” y va abriendo una tras otra, páginas—. Además ¡miren! Borges tradujo y publicó dos poemas en Sur.
—No dejen de leerlo —nos dice—. Ponge elige un objeto cualquiera y se diría que piensa, que busca, que investiga todo sobre ese objeto. Sin embargo, tal vez… sólo tal vez no piense cuando escribe, no intente interpretar la cosa ni hacer la descripción desde un punto de vista personal. Quizás Ponge se calle y sólo escuche lo que el objeto tenga para decirle.
—Alberto Girri es otro que tienen que leer. Era pintón, bronceado y escribía poemas no siempre comprensibles. Muchos lo etiquetaron de hermético —nos dice—. Miren lo que hizo Girri: escribió en paralelo dos libros: un poemario y otro de ensayos donde teoriza sobre cómo llegó hasta esos poemas. Se pueden leer juntos. Vivió con dos mujeres. Las dos se suicidaron. Dijo algo más o menos así: que a la poesía hay que reconocerla y nunca definirla. Era un play boy, amante de Aurora nada menos. Sí, de Aurora Bernárdez. Tenía, al escribir, un aire de robot. Girri vivió en Retiro. Solía tomar sol en plaza San Martín.
Lean a Ponge —dice—. Sus poemas nacieron de observar un objeto, de frente y de perfil, de atrás, arriba, abajo, de meterse en la cosa hasta desconocerla. Pensar y teorizar, rastrear de dónde vino y su etimología. El objeto y el nombre se mantienen unidos aunque uno sea materia y el otro nadie sabe. En cambio las palabras que llenan una charla son cáscaras resecas. Objeto y nombre orbitan en diferentes mundos. Nació en el último año del siglo diecinueve.
—Como Borges —dice alguien, enciende el celular, pone “Ponge” y va abriendo una tras otra, páginas—. Además ¡miren! Borges tradujo y publicó dos poemas en Sur.
—No dejen de leerlo —nos dice—. Ponge elige un objeto cualquiera y se diría que piensa, que busca, que investiga todo sobre ese objeto. Sin embargo, tal vez… sólo tal vez no piense cuando escribe, no intente interpretar la cosa ni hacer la descripción desde un punto de vista personal. Quizás Ponge se calle y sólo escuche lo que el objeto tenga para decirle.
