Sin la idea de trabajo escénico, de empeño lúdico en ebullición, no es posible la performance. Esta requiere construir figuratividad y medio, cuerpo y espacio que determinan la escena. Echavarren dice que se trata de una “alegorización” donde los participantes destraban el comportamiento encontrando cada cual y en el compuesto el margen del deseo. Entre el acting out de los cuerpos y el vehículo de los fetiches se despliega lo englobante sónico e imagético propio de la performance y todo conduce a la vibración del entrelugar, dominio del “cuerpo vibrátil” o “ser de sensación” donde se amplían los dones poéticos y escénicos. ¿Es posible que este sea el radical sentido, el de señalar el recorrido de una potencia singular que va al encuentro del acontecimiento? El entrelugar es un fuera de lugar y produce lo sensible incondicionado que vibra como tensión y desfiguración, como catástrofe de las tradiciones expresivas, fundiendo el plano de contenido y de expresión y el mixto constituye un impromptu por su esencial fragilidad, improvisación y finitud: “En la inestabilidad de todo / el tiempo que se rompe se vuelve mi maestro.”
Terrible jinete Robervarren, su poesía. Montar a caballo, para alguien que ama los caballos (sus ancas, y el momento secretor de sus culos con efecto de guante), así como sus crines, y las colas de caballo de los andróginos entrevistados (cazados), no es un mero deporte: –es– diría un Deleuze, atletismo de las sensaciones, lo que nos devuelve a la pedagogía de la respiración que nos muestra a puro par coeur y parkour Echavarren maestro de la curiosidad barroca, del apetito por entrar siempre en un coto desconocido. Recogemos el guante y conjuramos nuestras velocidades para gozar de este cinebionte, una y otra vez.
La soledad nos acompaña tanto como lo que amamos. La naturaleza, si existe, es un misterio. Lo que nuestro humano espíritu mira es siempre un formato móvil, transcurrir de un amanecer a un atardecer a un amanecer. Y en ello, los dioses, los signos, los sueños y los cuerpos fluyen y se lavan con las lluvias.
