Como autor de estos poemas quiero dedicarlos a Benito Acosta, un trabajador social que a raíz de una enfermedad ha fallecido en 2020 y que siempre estuvo luchando contra la injusticia social, y que siempre estaba preocupado por la niñez. Juntos pintamos una tarde la cocina del Centro de Ayuda Integral para la Infancia (C.A.I.P.I.), juntos dimos talleres de escritura de canciones en la escuelita Nº 75 de Villa Jardín, Partido de Lanús, Provincia de Buenos Aires. Benito Acosta conocía la raíz mordaz de la pobreza, la irracionalidad de la desigualdad, y el egoísmo de quienes justifican la postergación y el olvido. Gran abrazo amigo Benito las huellas de tu amor por tu barrio y por tu gente siempre estarán presente.
Señor, ¿Qué hago con este reloj que pesa sobre mis piernas? Mis ojos buscan tu gesto de compasión, el color de tus palabras en las calles, la apretada raíz de mi materia. Hoy nadie reparte pan y peces entre la gente; somos la nube que se desvanece acunando la idea del cielo. Señor, eres invisible como un secreto. Tu voz solo se escucha en el silencio. Un rezo de hormigas dibuja mi fe y mi corazón abraza lo imperfecto; un destello de tu amor se hace pesebre en la hora de este parto.
Lord, what should I do with this clock weighing on my legs? My eyes are seeking your expression of compassion, the color of your words in the streets, the tight root of my matter. Today, no one is handing out bread or fish among the people; we are the vanishing cloud cradling the idea of heaven. Lord, you’re invisible like a secret. Your voice is only heard in silence. A prayer of ants draws my faith, and my heart embraces imperfection; a flash of your love becomes a manger at the moment of this birth.
Viajé sin pensamiento. Un coro de miedos alzaba el trino de los teros. En el claro de la niebla confundí mi cuerpo con los juncos. Me sentí árbol y contuve mis fuerzas bajo las flores de las tipas. Viajé sin pretensiones. Mis pies adoptaban piedras en la espesura de los senderos. La estrella cuidaba la fogata. Borré las marcas, cambié de patria, rompí mi nido. La noche hizo su trabajo: se comió mis ojos.
I traveled without thinking. A chorus of fears raised the lapwings’ trill. When the fog cleared, I confused my body with the reeds. I felt like a tree and held my strength back under the rosewood flowers. I traveled unassumingly. My feet adopted the stones in the thicket of the trails. The star watched over the bonfire. I erased the marks, changed homelands, destroyed my nest. The night did its job: it ate my eyes.
