Las obras aquí reunidas hablan de mis preocupaciones: la violencia en el matrimonio y la familia; el antisemitismo y el aborto. No dejan de ser las preocupaciones de muchos de nosotros, y por eso, creo yo, deberían estar sobre el escenario. Cada obra abre una pregunta, que, si no tiene respuesta, al menos abrirá nuevas preguntas. No es otra mi voluntad de que ustedes, como lectores, sientan el mismo placer y el mismo vértigo que sentí yo al escribirlas y que no duden en verlas en escena, llegado el caso, porque no hay mejor lector de teatro que el cuerpo del actor.
